AY, DIOS MÍO, MI POBRE IDENTIDAD REGIONAL AMENAZADA

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Aitzol
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AY, DIOS MÍO, MI POBRE IDENTIDAD REGIONAL AMENAZADA

Mensaje por Aitzol » 28 Jun 2018, 14:34


Coincidiendo con el cambio de siglo,
un olvidado mamarracho,
el cura Xirinacs, inició una protesta solitaria
en la plaza de San Jaime, frente a la puerta del palacio de la
Generalitat, para reclamar la independencia de Cataluña. Tratado su
gesto por la prensa local con una mezcla de misericordia paternalista
y veladas alusiones al eventual trastorno psíquico que podría
esconderse tras ese proceder, el asunto terminaría del modo más
inopinado: una banda de moros le propinó una paliza a
altas horas de la madrugada con la intención de robarle la cartera.
Diecisiete años después de aquel incidente menor, algunos de los que
entonces trataron con irónica condescendencia al pobre cura iluminado
están en la cárcel; otros, huidos de España; y cientos de miles de
mamarrachos repiten como dogmas de fe lo que en un tiempo no tan lejano
tuvieron por poco más que extravíos delirantes de un desequilibrado.
Entender esa súbita mutación colectiva debiera constituir el objeto de
ese libro que nadie ha escrito aún. Una narración que, frente a la
idea siempre dominante en el resto de España, la que vincula la
querella histórica catalana con el afán económico, postularía la
angustia demográfica, el sentimiento de que los " verdaderos " catalanes
se podrían acabar extinguiendo o viéndose reducidos a una minoría
orillada dentro de la propia Cataluña, como el genuino catalizador
emocional y político del actual fervor separatista entre la mitad de
la población local, esa que se identifica a sí misma con la " auténtica "
identidad autóctona.

Aitzol
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Re: AY, DIOS MÍO, MI POBRE IDENTIDAD REGIONAL AMENAZADA

Mensaje por Aitzol » 28 Jun 2018, 14:35

Y es que el supremacismo no sería una desviación más o menos
extremista y marginal de la línea dominante dentro de la doctrina
canónica, sino rasgo consustancial a todo el movimiento nacionalista
catalán desde su origen mismo, en el último tercio del siglo XIX. Ese
infantil cuento de hadas madrileño, esa fantasía tan cansina y
recurrente entre la izquierda bienpensante hispana, tanto la que
responde por PSOE como la que se hace llamar Podemos, la quimérica
ingenuidad de suponer que una reforma formalmente federal pondría fin
a la querella catalanista y obraría de paso el milagro de tornar a los
líderes soberanistas leales al orden constitucional de la nación,
surge de no haber entendido nunca que la almendra del catalanismo es
eso: el sentimiento paranoico de una extinción tribal motivada de los
avatares de la demografía y las migraciones peninsulares. Una
paranoia, esa tan suya, que ninguna reforma federal ni ninguna
restitución falsaria de leyes contrarias a la Carta Magna podrán curar
jamás.
Así lo explica con claridad prístina el mamarracho Torra en otro libro que sí
se ha escrito y publicado, Els últims 100 metres: "La dicotomía entre
residuales o independientes hace referencia a nuestra extinción [se
refiere a los catalanes antropológicamente puros, los que apoyaron el
procés] como miembros de la familia europea. Esa es la perversa lógica
de la cuestión: la residualidad lleva a la extinción". ¿Qué tiene que
ver eso con financiaciones autonómicas, blindajes competenciales,
rediseños federales o con alambicados malabarismos retóricos sobre la
asunción compartida de identidades culturales que se dicen múltiples?
¿Qué tiene que ver la paranoia psiquiátrica de Torra y de los
a que piensan y sienten exactamente
igual que Torra con ese ignaro arbitrismo mesetario del memo Pedro y el payaso Pablo
Nada. Simplemente nada. Pero nada de nada. El libro que nadie ha
escrito, y posiblemente nadie escribirá, debería terminar su última
página rememorando el suicidio de aquel cura loco. Xirinacs, la
metáfora definitiva del suicidio ritual del catalanismo al que
asistimos el pasado 27 de octubre. Su cadáver insepulto comienza a apestar.

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